Estoy triste, y mis ojos no lloran

y no quiero los besos de nadie

JRJ

martes, 16 de octubre de 2012

El maestro

Fecha de edción: ePUB v1.2 03/12/11



El cielo es azul, la tierra blanca

Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo mestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro, y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día le abandonó; Tsikiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad.

"Sola en mi habitación, leo en voz alta poemas que recitaba el maestro y también otros que no llegó a enseñarme. "Desde que usted murió he estado estudiando", susurro.

Suelo llamarlo en voz baja: "¿Maestro!". De vez en cuando, oigo su voz que me responde desde algún lugar del cielo: "¿Tsukiko!". Preparo el tofu hervido como él, con bacalao y crisantemos. "Algún día volveremos a vernos", le digo, y el maestro me responde desdd el cielo: "No tengo la menor duda".

En noches como ésta, abro el maletín del maestrro. En su interior no hay nada, sólo un vacío que se extiende. Un enorme espacio vacío que crece sin parar,"

lunes, 20 de febrero de 2012

Quod sequitur, fugit; quod fugit, ipse sequor


Chagall: El circo azul


Título: Para siempreAutor: Susana Tamaro
Editorial: Seix Barral


Casi al final, Matteo, el protagonista, recuerda esta famosa cita de los Amores de Ovidio (Amores, II, XIX) : Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Ahí te quedas





ME SOBRA EL CORAZÓN

Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy solo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos de mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.

No puedo con mi estrella.
Y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.

Si no fuera ¿por qué?... no sé por qué
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.

Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.

Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desegañada,
qué inconformes mis ojos?

Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.

Me sobra corazón.

Hoy descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.

No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

Miguel HERNÁNDEZ: Poemas sueltos III. En : Obras Completas I. Poesías. Prosas. Espasa Clásicos, Mayo 2010.

Tampoco yo . Pero todo cesa.


lunes, 3 de octubre de 2011

La cosa più bella del mondo






Autor: Antonio TABUCCHI


Título: El tiempo envejece deprisa. Nueve historias


Editorial: ANAGRAMA, Col. Compactos (2011)


Traducción: Carlos Gumpert







Philippe Ramette

Hace ya casi dos años, pocos días antes de San Jorge, le dábamos vueltas a la cabeza pensando en un regalo para nuestro amigo invisible del Día del Libro. En la televisión pusieron este reportaje y recordamos que habíamos visto por casa un ejemplar en italiano de esos cuentos de Tabucchi. Claro que no era nuestro. A estas alturas no tenemos que recordarles que no hablamos italiano. Sin embargo, buscamos el librito entre las estanterías, lo encontramos, le echamos un vistazo e intentamos leer por encima el primer cuento y el segundo.

La protagonista del primero y una niña calva del segundo nos convencieron para buscar la traducción española y regalarla con la seguridad de que acertaríamos. Y acertamos. Después nos olvidamos del libro, pero no de la foto de la portada.

Este último verano, mientras buscábamos nuestra ración de ensayo, de poesía y el tocho de novela correspondientes a la estación, nos tropozamos en la librería con el mismo texto pero en la colección de compactos. Por supuesto, lo compramos; aunque no lo hemos leído sino para inaugurar este otoño bochornoso.

Comienza el libro con una cita atribuida a Critias:

"Persiguiendo la sombra, el tiempo envejece deprisa"

Entre el primer cuento, El círculo, y el penúltimo, Bucarest no ha cambiado en absoluto, podríamos advertir una contradicción por lo que respecta a los recuerdos, a la memoria personal y a la transmisión de recuerdos vividos. Mas tal vez se trate sólo de una contradicción aparente. No se enfrentan de la misma manera a los recuerdos una joven desarraigada que un anciano con incipiente demencia senil. Por nuestra parte, somos capaces de recordar los recuerdos de otras personas que nos han contado y, a veces, no somos capaces de transmitir las emociones de nuestros recuerdos.

Se ha dicho, en un intento de contemporizar y de llamar la atención sobre la relación entre ficción y realidad, o sobre el compromiso literario, que en las nueve historias de El tiempo envejece deprisa "el viejo bloque comunista es para Tabucchi un paréntesis de años en las vidas de millones de personas parasitadas por un sistema. La salida de ese paréntesis, la caída del Muro de Berlín, causa un choque violento entre ese tiempo histórico detenido y el íntimo. El desajuste que se produce en las vidas de las gentes es lo que fascina a Tabucchi: cómo los malos recuerdos pueden ser también insustituibles en la nostalgia de quienes sufrieron represiones a lo largo de años." ¡Cuidado! Por este camino nos acercamos a la llamada literatura social, que, como hemos comprobado, de literatura tiene poco y de social, menos todavía. Pero podemos trascender las anécdotas concretas de cada historia y llevarlas hasta la realidad vital de cada uno de los lectores, pues ese desajuste en las vidas de las gentes no siempre está ligado a su contexto sociopolítico e histórico.

De las nueve historias, desde nuestro punto de vista, las más logradas son las cuatro primeras y la penúltima. Respectivamente: El círculo, Clof, clop. clofete, clopete, Nubes, Los muertos a la mesa y Bucarest no ha cambiado en absoluto. Cierto es que son también las más extensas, si es que se puede hablar de la extensión de un cuento. La técnica narrativa es siempre la misma: un narrador omnisciente que utiliza, en mayor o menor medida, el estilo indirecto libre además del estilo directo y del indirecto. El tiempo y el espacio, más o menos definidos por el narrador, nos resultan familiares a todos los europeos que sobrepasamos la cuarentena y hemos recibido -por suerte o por desgracia- una determinada formación.

Incluso podríamos establecer una teoría de la literatura según Tabucchi entresacando algunas citas dispersas en los cuentos.

Sin embargo, nos limitaremos a presentar algunos pasajes que hemos subrayado en estas historias.

  • El círculo

"Leche y sangre. Qué extraña mezcla, [...] una jarra de leche en la que caían unas gotas de sangre. [...] Una infancia que no era la suya. [...] No era el recuerdo de una persona, era el recuerdo de una persona que le habían contado." (Op. cit,, pág. 14)

"De la nada, esa percepción provenía de la nada, como su recuerdo, que no era un verdadero recuerdo, sino el recuerdo de un relato, y no era aún un sentimiento, era una emoción, y, en el fondo, ni siquiera emoción era, no eran más que imágenes que su fantasía había construido de niña escuchando recuerdos ajenos." (Op. cit., pág. 15)

"Mi abuela estaba rodeada de arena y cuando era niña, para ir a coger un cántaro de agua, por la mañana tenía que ir al pozo de Al Karib, ahora se me ha venido a la cabeza hasta el nombre, y ella tenía que recorrer tres kilómetros a oscuras de ida y tres kilómetros bajo un sol ardiente para volver con el cántaro sobre la cabeza, y vosotros no podéis saber lo que de verdad el agua, porque tenéis demasiada." (Op. cit., pág. 17)

  • Clof, clop, clofete, clopete


"Literatura, una vez más literatura." (Op. cit., pág. 30)

"Educar al pueblo es perder el tiempo, por lo demás este pueblo ahora se ha puesto a ganar dinero y está siendo educado por el Gran Hermano, por eso lo votan, es un círculo vicioso. votan a quien les ha educado. [...] Son todos una panda de gilipollas." (Op. cit., págs. 36 - 37)

"Los recuerdos de cuando uno es niño los tienen quienes entonces eran ya adultos, nadie puede acordarse de recuerdos tan lejanos, hacen falta personas que en aquella época fueran mayores." (Op. cit., págs. 38 - 39)

"La noche. Hecha sólo de sí misma, es absoluta, todo espacio le pertenece, se impone con su mera presencia, con la misma presencia del fantasma que sabes que está ahí frente a ti, aunque esté por todas partes, incluso a tus espaldas, y si te refugias en un pequeño espacio de luz de él quedarás prisionero, porque a tu alrededor, como un mar que rodea tu pequeño faro, se halla la intransitable presencia de la noche." (Op. cit., pág 42)

"Es que estos tres años se han apretujado los unos sobre los otros como si fuera un solo día, mejor dicho, una sola noche. [...] Piensa en las botellas de plástico, las del agua mineral, la botella tiene sentido mientras está llena de agua, pero cuando te la has bebido puedes estrujarla y tirarla, pues eso es lo que me ha ocurrido, se me ha estrujado el tiempo." (Op. cit., pág. 49)

"¿Pero si eso es lo más bonito del mundo. [...] Lo más bonito del mundo. Lo había dicho una niña calva en una silla de ruedas empujada por una enfermera. Ella sabía lo que era lo más bonito del mundo. Él, por el contrario, no lo sabía. ¿Cómo era posible que a su edad, con todo lo que había visto y conocido, no supiera aún qué era lo más bonito del mundo?" (Op. cit., pág. 51)

  • Nubes

"En el fondo en el fondo la historia se resume en lo siguiente: hay hombres, como tu padre, que como profesión construyen casas y hombres de mi oficio que esas casas las destruyen, y así funciona la cosa desde hace siglos y siglos, hay quienes construyen casas y hay quienes las destruyen, construir, destruir, construir, destruir, es un poco aburrido, ¿no te parece?" (Op. cit., págs. 60 - 61)

"Los nazis eran gente realmente horrible, pero también ellos tenían sus ideales e hicieron la guerra para imponerlos, desde nuestro punto de vista era un ideal perverso, pero desde el suyo no, y tenían una gran fe en esos ideales, hay que estar atentos con eso de los ideales, ¿qué te parece, Isabel?" (Op. cit., págs. 62 - 63)

"Por una parte me sientan bien pero por otra me sientan mal, tal vez las pastillas sean en cierto modo como los ideales, depende de quién se vea obligado a tomarlas, yo no se las impongo a los demás, no le hago daño a nadie." (Op. cit., pág. 64)

"La geografía se ha vuelto ya una cosa secundaria y también la historia, de la cultura es mejor ni hablar, lo que hoy cuenta es la fabulación." (Op. cit., pág. 65)

"Nefelomancia, [...] el arte de adivinar el futuro observando las nubes, o mejor dicho, la forma de las nubes, porque en esta clase de arte la forma es la sustancia. [...] Las nubes se forman en el horizonte en un instante. Y así como se han formado, en un instante se disipan, y es precisamente en ese instante cuando un auténtico nefelomante debe ejercer su propio arte, para comprender lo que predice la forma de determinada nube antes de que el viento la disuelva, antes de que se transforme en aire transparente y se convierta en cielo." (Op. cit., pág. 73)

"Pero intenta captar el instante, porque después ya no te dará tiempo." (Op. cit., pág. 76)

  • Los muertos a la mesa

"Gracias a un muro uno pertenece a algo, está a este lado o al otro." (Op. cit., pág. 87)

"La vida está desfasada, pensaba, nada llega a su hora." (Op. cit., pág. 88)

"Eso sí que le gustaba: fingir que perdía el tiempo." (Op. cit., pág. 91)

"Cada noche yo me decía: mañana se lo digo, pero ¿cómo puedes decirle que has descubierto todo a una persona que tiene la cara torcida y las piernas contraídas?, no tuve valor, la verdad, no tuve valor." (Op. cit., pág. 98)

  • Entre generales

"Si Homero hubiera conocido a Ulises le habría parecido un hombre trivial. [...] El verdadero protagonista de la historia que hemos vivido no somos nosotros, es la historia que hemos vivido." (Op. cit., pág. 101)

"ËL amaba a su mujer [...], pero en ella no era capaz de recobrar un amor que creía traicionado, es decir, la imagen ya desenfocada de una muchacha [...]. Por eso fue a buscar ese fantasma." (Op. cit., pág. 105)

  • Bucarest no ha cambiado en absoluto

"Sabes, hijo mío, continuó, por muchas ganas que tengas de contarles tus recuerdos a los demás, podrán escuchar tu relato y puede incluso que lo entiendan todo hasta en sus mínimos detalles, pero ese recuerdo seguirá siendo tuyo y sólo tuyo, no se convertirá en un recuerdo ajeno porque se lo hayas contado a los demás, los recuerdos se cuentan, pero no se transmiten." (Op. cit., pág. 145)

"Las emociones no pueden explicarse, para explicarlas hay que transformarlas en sentimientos." (Op. cit., pág. 147)

  • A contratiempo

"Se había quedado profundamente dormido, olvidándose de todo, según le pareció, incluso de sí mismo." (Op. cit., pág. 162)



Al finalizar la lectura de El tiempo envejece deprisa nos quedamos con un regusto de melancolía en los ojos. Al empezar a escribir esta entrada, se me han venido a los oídos las notas de Nomadi, y esas letras de 1988 que Battiato nos regaló en italiano y en español:



1988. Una playa del Atlántico, la lógica, el desengaño, la culpa y lo políticamente correcto, como en Nubes. Cierto desarraigo, pueblo de aluvión donde nada compartimos ni con los pueblos de nuestros ancestros, ni con los vecinos que nos vieron nacer, ni con las personas con las que en ese momento convivimos, como en El Círculo. Un persistir en el ser engañados a sabiendas, como en Los muertos a la mesa, haciendo del encubrimiento del engaño razón de supervivencia. La culpa y el rencor del judío errante, que anhela no se sabe qué patria, que se la inventa, como en Bucarest no ha cambiado en absoluto. Todo A contratiempo, el último de los cuentos.

En plena postmodernidad añorárabamos la fe, el orgullo y la confianza del que se sabe unido al destino de su pueblo. ¿Qué es lo más bonito del mundo? Todavía hoy, a estas alturas de la película, nos lo seguimos preguntando.

sábado, 13 de agosto de 2011

Preso en Praga


"No soy más que literatura y no puedo ni quiero ser ninguna otra cosa"
Franz Kafka

miércoles, 3 de agosto de 2011

Accabadora

Autor: Michela MURGIA
Título: La acabadora
Editorial: Salamandra (2011)
Traducción: Teresa Clavel Lledó

Hace unas semanas callejeaba buscando un sustituto aceptable de "el regalo". El azar, de nuevo, me puso frente al escaparate de una librería donde se anunciaba la traducción al español del Premio Campiello Accabadora de Michela Murgia. En esa librería no lo encontré, pero, recordando el título, fui a hojearlo a la Fnac. Entendí entonces que el libro, como "el regalo", era para mí. Debo decir que, a pesar de todo, lo busqué en italiano; pero, en mi ciudad, no he sido capaz de encontrarlo. Mejor: no es un texto para regalar por un cumpleaños.



Como Michela Murgia, recién estrenada mi mayoría de edad también yo hice mis pinitos en teología, y siempre me ha interesado la antropología. Sin embargo, hoy no podría afirmar -como ella- que soy "católica y feminista".

La novela de Murgia me ha tocado... Y por varios flancos: fillus de anima; novela de personajes; Giacomo Littorra y la eutanasia; aparente simplicidad narrativa; Nicola Bastíu y el suicidio asistido; imágenes, símbolos y olores sensuales o sórdidos; la familia, la comunidad; el deber, el deber ser y la apariencia; ... Todos los rituales.

En una semana he leído tres veces esta novela: no tenía ningún otro libro a mano. Puesto que me toca, tal vez no sea objetiva; pero la prosa, los diálogos directos y las imágenes de La acabadora me han reconciliado, si no con la vida, con la literatura.

Una pega: los capítulos 14 y 15, necesarios para la trama, pero escasamente relevantes para la narración y para el desarrollo de los personajes. Cualquier otra historia habría servido.

Y otra: después de una trama inquietante, la novela se resuelve de una forma políticamente correcta -¿quizá moralmente también?- para Maria.

¿Con qué me quedo? Con los personajes de Bonaria y Andría: Maria me resulta demasiado cercana y, sin embargo, ajena. Me quedo con la tierra y con los animales; con lo telúrico y atávico. Con los sentimientos y los ritos. Con el sentido común, la determinación y las contradicciones de Bonaria. Con su sentimiento de culpa, en fin. Con la profundidad de temas y sentimientos tratados sin sensiblerías ni regodeos "literarios", sin pretensiones "sesudas" ni alardes "innovadores".

Un narrador omnisciente maneja adecuadamente las analepsis y prolepsis que el discurso interior de los personajes principales va necesitando. Justa es la distancia ante el dolor, la desesperación y el sufrimiento: certera y austera la descripción -como los personajes principales-, sin concesiones a lo escabroso, ni al costumbrismo, ni al expresionismo ni a lo sentimentaloide. Esa es, al menos, la impresión que la lectura produce.

Desde el punto de vista teológico, ético y antropológico, Murgia nos asoma al borde de la cuestión sobre la muerte digna. ¿Hasta qué punto, en nuestros días, cabe la posibilidad de abrir legalmente la puerta a la eutanasia y al suicidio asistido? ¿Qué consecuencias sociales conllevaría esto? ¿Qué consecuencias morales? ¿Quiénes se erigirían en acabadoras? ¿Cuándo sería lícito acudir a ellas? Y ¿quiénes acudirían? ¿Se podrían llegar a desencadenar limpiezas étnicas? ¿Dónde se colocaría el límite entre piedad y delito? ¿Se resentiría la Iglesia? ¿Es posible la muerte digna dentro del catolicismo? Yo entiendo a Bonaria, a Nicola y Maria. Yo, como Nicola, acudiría a una acabadora; pero no me gustaría verme en la tesitura de tener que ir a buscarla para otros. ¿Cómo sobrevivir casando el sufrimiento individual y colectivo y escapando impune de los mismos? ¿Qué garantías puede ofrecer la comunidad a los individuos en el caso de la muerte digna? ¿Qué individuos confiarían al sistema la muerte digna de un familiar que no puede pedirla y que nunca se planteó hacerlo? ¿Traspasar la responsabilidad individual a la comunidad nos eximiría de la culpa?

Desde luego, me quedo, también, con la dedicatoria: "A mi madre. A las dos"
"Maria no lo sabía, pero la anciana la observaba sobre todo de noche, en esas noches corrientes sin ningún pecado al que culpar de estar despierto. Entraba en el dormitorio a hurtadillas, se sentaba frente a la cama de la niña y la miraba en la oscuridad. Aquellas veladas, Maria, que creía ser la primera de todas las preocupaciones de Bonaria Urrai, dormía sin sentir aún el peso de ser la única." (Op. cit., pág. 11)

"En la decisión de adoptar una fill'e anima, lo más difícil para Bonaria no había sido ni mucho menos la curiosidad de la gente, sino la reacción inicial de la niña." (Op. cit., pág, 13)

"La niña no lo había entendido ni por asomo, pero aun así asintió, porque no todas las cosas se escuchan para comprenderlas enseguida." (Op. cit., pág. 19)

"En ese instante, Maria comprendió que tenía cosas que perder más preciosas que el sueño." (Op. cit., pág. 21)

"Maria, en cambio, acostumbrada a considerarse a sí misma una insignificancia, había tardado más tiempo en darse cuenta de que constituía un tema de conversación. Su madre [...] la había habituado a verse como parte de una secuencia con sus hermanas, según una fórmula ritual siempre idéntica: "¿Y quién es esta niña?" "Es la última". O bien, simplemente: "Es la cuarta". [...] Maria había tenido que morderse la lengua para no presentarse a sí misma de esa manera, como la última o la cuarta. Bonaria no podía saberlo, pero de algún modo debía de haberlo intuido, porque cuando había que hacer las presentaciones ante extraños siempre se le adelantaba: "Ella es Maria"." (Op. cit., pág. 26)

"-Maria, ¿tú de quién eres hija? [...]
-De Anna Teresa y Sisinno Listru...
-Exacto. Y sin embargo, ¿dónde vives? [...]
-Vivo aquí con usted, tía-contestó, obligada a ceder.
-Por tanto, vives separada de tu madre pero sigues siendo su hija. ¿No es así? No vivís juntas, pero sois madre e hija.
Maria calló, un poco humillada, bajando la vista hacia las rodillas para consolarse con el abecedario, donde cada cosa tenía un cómodo lugar y sólo uno.
-Somos madre e hija, sí... pero no una familia-susurró con la levedad de un soplo-. Si fuéramos una familia, mi madre no habría hecho un trato con usted... O sea, yo creo que usted es mi familia. Porque nosotras estamos más juntas." (Op. cit., pág. 34)

"-¿Qué quiere decir, tía?-murmuró, confusa-. ¿Que sólo seré realmente hija suya cuando me muera? [...]
-¡Serás tonta, Mariedda Listru! Tú te convertiste en mi hija en el mismo momento que te vi, y ni siquiera sabías entonces quién era. Pero [...] tú, en cambio, debes estar preparada. [...] tú de las guerras debes regresar, hija mía." (Op. cit., págs. 34 - 35)

"Un perro nacido para morir como maldición no era algo por lo que hubiera que pedir perdón o dar las gracias." (Op. cit., pág. 44)

"Antes de haber visto por primera vez a Maria y su madre en la tienda, Bonaria se había creído portadora secreta del único dolor perfecto, el único que no es posible mitigar. [...] No tenía amigas ni hermanas a quienes confiar sus dudas, pero, aunque las hubiera tenido, se las habría guardado para sí." (Op. cit., pág. 51)

"-En ese cuarto de ahí, únicamente lo movemos ya para que no se llague. [...]
-¿Ha pedido él que yo venga? [...]
-No, no habla desde hace semanas-añadió al cabo de un momento-. Pero yo entiendo a mi padre.
Aparentemente satisfecha con esa respuesta, la acabadora sacó la mano de debajo de la toquilla negra para rozar con delicadeza la huesuda frente del anciano. Al sentir aquel contacto, el hombre abrió los ojos y dirigió hacia ella sus pupilas mortecinas sin emitir un solo gemido.
-¿Le habéis quitado las bendiciones de encima?
-Todas. Hemos revisado también los cojines y el colchón. Hasta la medalla del bautizo le hemos quitado. Ya no queda nada que lo retenga. -Había algo febril en la voz de la mujer al enumerar los objetos-. Hasta le hemos puesto el yugo. [...]
Bonaria le cogió la mano descarnada, palpó con cuidado la muñeca y el antebrazo, y algo en aquel contacto la sobresaltó.
-Al final te han llamado... -murmuró el anciano con voz ronca. [...]
-Antonia Vargiu, por haberme llamado sin motivo, malditos seáis todos los presentes. -A lo largo de tantos años jamás se había visto obligada a pronunciar semejantes palabras, pero ahora que eran necesarias le afloraban a la boca sin ningún titubeo-. Por haberme mentido diciéndome que no hablaba, malditos sean vuestros hijos, los que tenéis y los que vengan. [...]
-Estaba muriéndose... [...]
-Sabes perfectamente que tu padre no está moribundo [...], ni siquiera está cerca de sus últimos días. Dale de comer. Si muere de hambre, no volverás a dormir en tu vida." (Op. cit., págs. 63 - 65)

"El amor incondicional de aquel animal le parecía a la joven la única cosa del mundo que no le había sido preciso ganarse." (Op. cit., pág. 71)

"Hay sitios donde la verdad y el parecer de la mayoría son dos conceptos que se sobreponen." (Op. cit., pág. 74)

"-Y yo ya estoy muerto, pero no pueden enterrarme. [...]
-¿De verdad crees que es mi tarea matar a quien no tiene valor para afrontar las dificultades?
-No; creo que es ayudar a quien desea dejar de sufrir." (Op. cit., pág. 79)

"-Los sacerdotes hacen estas cosas por iniciativa propia, es su trabajo.
-Hurgar en el dolor ajeno, es verdad." (Op. cit., pág. 86)

" -O sea, si lo he entendido bien, has decidido hacer que se sientan culpables todos los que siguen teniendo dos piernas, además de logar que te compadezcan mientras el Señor te dé aliento para lamentarte... -Se rascó la cabeza con gesto distraído, como si reflexionase-. Es normal, Nicola. Lo hacen muchos, y suelen ser aquellos que no tienen, o no quieren tener, el consuelo de la fe.
-Don Frantziscu, no siga -pidió el joven, de repente apaciguado y sumiso-. No se aproveche de que es un invitado en casa de mi padre." (Op. cit., pág. 88)

"Pero no hablaba. No es que se hubiera quedado mudo, simplemente no decía una sola palabra que no fuera indispensable, y de repente había dejado de reaccionar a los estímulos del entorno. [...] Maria [...] evitaba quedarse más tiempo del imprescindible con Nicola, presa de una inconfesable repulsión hacia aquel sufrimiento que ni siquiera era ya un dolor." (Op. cit., págs. 90 - 91)

"Quizá era ése el verdadero problema: si hubiera estado destrozado anímicamente, habría aceptado resignarse." (Op. cit., pág. 94)

"Antoni Juliu había emigrado a Bélgica a trabajar en las minas, y cada vez que regresaba parecía no sentirse en casa: miraba alrededor con recelo, como si lo buscaran los acreedores, y el negro del carbón acumulado bajo las uñas nunca acababa de írsele. No se alegraba de marcharse, pero todavía menos de volver." (Op. cit., pág. 101)

"Necesitó unos minutos para recordar quién y qué era, pues emerger de uno mismo es tanto más difícil cuanto mayor es la profundidad a que se ha llegado." (Op. cit., pág. 103)

"Hay pensamientos que, como los ojos de las lechuzas, no soportan la luz diurna. Sólo pueden nacer de noche y cumplen la misma función que la luna, necesaria para cambiar de sentido mareas en algún recoveco invisible del alma." (Op. cit., pág. 106)

"Siguieron días de agonía tales que hicieron perder toda esperanza de recuperación. Entonces retiraron de la habitación todos los objetos bendecidos, los regalos para la buena suerte y los cuadros de tema religioso, a fin de que aquello que había protegido a la puérpera no acabara por atarla a un estado de sufrimiento infinito. [...] Nadie le dio jamás explicaciones, pero Bonaria no las necesitaba para comprender que se había puesto fin al sufrimiento de la madre con la misma lógica con que se había cortado el cordón umbilical del hijo. [...] Había aprendido la ley no escrita según la cual sólo se maldicen la muerte y el nacimiento consumados en soledad [...]. A los quince años Bonaria ya estaba en condiciones de entender que hacer ciertas cosas o sólo ser testigo de ellas implicaba la misma culpa, y desde entonces jamás la había asaltado la duda de no ser capaz de distinguir entre la piedad y el delito." (Op. cit., pág. 107)

"-Cuando acaba el dolor, acaba el luto.
-Entonces, el luto sirve para mostrar que hay dolor... [...]
-No, Maria, el luto no sirve para eso. El dolor es mudo, y el negro se usa para cubrirlo, no para mostrarlo." (Op. cit., pág. 113)

"Habituada a ser discreta y a nunca manifestar algo distinto de lo que se esperaba de ella, permaneció decorosamente al lado de los restos mortales como siempre había hecho a lo largo de los años. [...] La comunidad necesitaba ese código para recomponer la fractura entre las presencias y las ausencias. En el acto de impedir la negación del dolor individual, hasta la muerte más controvertida se reconcilia con la naturaleza trágica de toda vida. Por eso, una vez que el cura se había ido [...], se reunían para celebrar juntos la comunión de los pecadores y absolver a los familiares supervivientes de la culpa de un dolor único en el mundo. De resolver las otras cuestiones se ocuparía el tiempo." (Op. cit., pág. 122)

"Esa desconfianza casaba tan poco con la confianza que la unía a la mujer que la había adoptado como hija, que Maria no sabía cómo manejarla. Le parecía inconcebible que le hubiera mentido, porque hay cosas que se hacen y otras que no. [...] Maria permaneció recluida en su cuarto [...], distrayéndose con varias cosas para olvidar lo que había hecho: primero lloró en silencio, luego se entretuvo con los juguetes fingiendo que no había ocurrido nada, y por último se tumbó en la cama, agotada por la frustración, e incluso durmió. [...]
-¿Sabes por qué te he pegado? [...] Te he pegado porque me has mentido. [...] Cada vez que abras la boca para hablar, recuerda que Dios creó el mundo con la palabra." (Op. cit., págs. 123 - 126)

"-Tomarás muchas decisiones en la vida que no te gustará tomar, pero lo harás porque no te quedará más remedio, como todo el mundo. [...] ¿Quieres juzgar el cómo sin entender el porqué? Siempre tienes prisa por dictar sentencias, Maria. [...] Otros decidieron por ti entonces y otros decidirán cuando haya que hacerlo [...] Yo también tenía un papel que desempeñar, y lo he desempeñado.
-¿Y qué papel era?
-El último. Yo he sido la última madre que algunos han visto. [...] Nunca digas de este agua no beberé." (op. cit., pág. 131 - 133)

"Las culpas, como las personas, empiezan a existir si alguien las advierte." (Op. cit., pág. 163)

"La anciana sentía que había entre ellas cosas no dichas, pero que con toda probabilidad ya nunca podrían decirse." (Op. cit., pág. 169)

"Los gemidos que profería tenían un tono de violenta desesperación. [...] Sus pupilas dilatadas buscaban el rostro de Maria con famélica desesperación. La joven descubrió que era menos fuerte de lo que siempre había creído. Los sonidos que emitía la anciana la atormentaban. [...] Tras dos semanas de aquella tortura, Maria empezó a entender a qué se refería Bonaria cuando tres años antes le había dicho: "Nunca digas de este agua no beberé"." (Op. cit., págs. 170 - 171)

"Protección o culpa: en Soreni éstos eran los únicos motivos que hacían que costara Dios y ayuda morir." (Op. cit., pág. 172)

"Bonaria miró fijamente a Maria sin más señal que la determinación de la mirada, en la que no se apreciaba la sombra de ningún remordimiento. [...] La lavaba, la alimentaba y le peinaba los pocos y finos cabellos que quedaban sobre su frágil cráneo, hablándole del tiempo y de las escasas novedades del pueblo, como si a Bonaria le hubieran interesado alguna vez. La anciana sufría calambres y otros dolores, especialmente de noche, pero ningún padecimiento parecía destinado a agotarle las fuerzas para siempre. Bonaria Urrai continuaba viva, y ya no había santos. [...]
-Tía... -murmuró Maria, acercándose más a la cama-, no soporto verla así. Si pudiera hacer algo... [...]
Intentó leer en sus ojos el significado de aquella respiración, pero en el instante mismo en que se cruzó con ellos se arrepintió de haber querido comprender. [...] Algo en Maria se tambaleó. [...] La idea de actuar para poner fin al cautiverio de ambas fue volviéndose poco a poco menos hostil, y cada vez que ese pensamiento se asomaba a su mente parecía perder un poco los contornos del sacrilegio para adoptar los más difuminados de la posibilidad. [...] El pensamiento que desde hacía semanas la consumía como un gusano había cruzado el umbral de lo posible para convertirse en decisión clara. [...] Hay cosas que se saben y punto, y las pruebas sólo sirven para confirmarlas; con la sombra nítida de una intución, Maria Listru supo con certeza que su madre Bonaria Urrai estaba muerta." (Op. cit., págs. 174 - 182)